Aprender a caminar (otra vez)

Dámaris Herrera Salazar (Estudiante de Facultad de Sociología, PUCP)

Cuncani fue una experiencia retadora y transformadora en mi vida. Significó la oportunidad de vivir con las familias en las alturas de Cuncani, de compartir su día a día, conociendo de cerca sus costumbres, sus carencias y sus sueños.

Soy Dámaris, estudiante de Sociología y voluntaria del IDEHPUCP. Junto a un grupo de estudiantes de diferentes carreras y en coordinación con Nexos Comunitarios,  fuimos a realizar un diagnóstico comunitario y talleres de identidad para los niños y niñas y adultos de la comunidad

Durante mi estadía en Cuncani,  viví en la casa de Damiana, ella es madre y padre de su hija, Michelle. Damiana quiere que Michelle vaya a la universidad, ella solo terminó secundaria. Damiana y muchos pobladores tienen el mismo grado de instrucción y los mismos sueños para sus hijos e hijas.

La falta de buena educación no es el único problema en Cuncani, sus pobladores carecen de muchos servicios básicos y están trabajando arduamente por transformar esa realidad.  Con relación a la mejora en educación, actualmente, están trabajando en la implementación de un colegio de secundaria cercano, en la actualidad el colegio más cercano se encuentra en Lares, a 40 minutos en transporte (cuando está disponible) o 2-3 horas de caminata. Durante nuestro tiempo en Cuncani, aprendimos también que el servicio de salud es de muy mala calidad, no solo por las medicinas y atención médica sino por el maltrato de parte del personal de salud.

Asimismo, el cambio climático ha afectado sus principales actividades económicas: la agricultura y la ganadería. Ahora hace más frío y el sol sale antes, ocasionando que el pasto se seque y los animales no tengan que comer. Por otro lado, ellos cocinan con leña y el humo se encuentra en toda la atmosfera de la cocina. Este humo contamina a los pobladores como si fumaran 20 cajetillas de cigarrillos al día.

Sin embargo, a pesar de estos problemas, los pobladores de Cuncani valoran el lugar donde viven, su territorio forma parte integral de su cultura e identidad: la naturaleza y la tranquilidad de las alturas, sus productos oriundos y su vestimenta y lengua, todo ello heredado de sus ancestros.

Mis días en Cuncani se resumen en el reto de aprender a bajar y subir pendientes rocosas, respirar aire fuerte y puro, el mate de coca y las papas de siempre, participar en talleres y jugar con los niños y niñas, entender y aprender quechua; sobre todo entender que el afecto y el respeto pueden comunicar más que las palabras.

Como estudiante de sociología puedo afirmar que Cuncani te plantea la verdadera y transformadora experiencia del trabajo de campo. Mi trabajo fue más allá que una investigación cualitativa, fue un intercambio real. Así como Damiana me cuidó esos 5 días, quisiera hacer lo mismo por ella en un futuro.

Estudio sociología porque quiero ser parte del desarrollo de las numerosas comunidades nativas en el Perú, aquellas que se encuentran viviendo en situación de pobreza. La oportunidad de trabajar en la comunidad ha sido el primer paso de este sueño. Aprendí a caminar otra vez, y mis ganas de ser parte del desarrollo de comunidades andinas, hoy son más reales que nunca.

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