“Nosotros vivíamos de eso”

Por Nicholas Bruce

De junio a agosto el cielo es espectacular en la sierra del Perú. El sol brilla como en ninguna otra temporada del año. Los colores de las montañas cambian de verde gracias a las lluvias de meses anteriores a “amarillo moreno” debido al calor. Es un paraíso en las alturas.

Los mercados y las plazas están llenos de gente aprovechando el buen clima. Las tiendas mueven rápido sus productos. Existe una afluencia compartida entre muchos, extranjeros, turistas y residentes de la comunidad, los más sencillos hasta los negociantes con recursos, todos listxs para darles la bienvenida en una forma u otra.

Pere este año, en estos meses, todo es muy diferente.

No existe esta mezcla de gente de varios idiomas y culturas. Los guías bien preparados no tienen a quien guiar. Los cocineros de los restaurantes de comida gourmet hasta los de los pequeños quioscos en la calle tienen poca gente para atender. Más allá, en las alturas de los Andes, las comunidades andinas están más aisladas más que durante las temporadas bajas del turismo.

Es difícil y para comprender un poco más, es necesario preguntar a los residentes de las comunidades.

Señora de Cuncani tejiendo. (Crédito fotográfico: Carlos Díaz)

“Antes nosotros teníamos turistas y vendíamos artesanía. Ahora ya no” dice Damiana, miembro de la comunidad de Cuncani. “Nos cuesta bastante porque de eso, nosotros vivíamos, manteniendo nuestros hijos con ese dinero. Ahora, que ya no hay, no lo tenemos como trabajo. Ahora que estamos en este problema, pedimos ayuda con capacitación o artesanía o cómo avanzamos de esa parte.”

Damiana, como muchas mujeres de su comunidad y otras ubicadas lejos de las ciudades y turistas, hace artesanía. Aunque no es muy usual, cuando vende una manta, gana bien (cerca de 120 soles, o US $40). La manta es original, demora meses en hacerla y en muchas ocasiones está hecha con tintes orgánicos – y de la lana de llamas de la misma comunidad. El resto de los productos son más sencillos. Ganar 12 soles (US $4) al día es relativamente significativo. Este dinero es el único que pueden tener (por 3-4meses) al año.

Lucy Nyangasi, Kenya.(Crédito fotográfico Kate Holt para Solidarity Center)

Así como ocurre con el turismo, la industria de servicios está sufriendo en todo el mundo. En Kenia, hace poco, fue publicado un artículo con un título que llamó mucho la atención: “Qué dirían las mujeres que lavan ropa en un webinar.” El artículo explica que grupos de 50 mujeres se congregan en 40 lugares por todo la capital, Nairobi, buscando trabajo, esperando y rezando que alguien les ofrezca una oportunidad de trabajo.

En un día de trabajo, una persona puede recibir 500 chilines kenianos (menos de US $5). Ganan cinco dólares al día si tienen suerte. Aunque no lo parezca, es un monto significativo. Con éste, las mujeres les dan comida a sus niñxs y a sus esposos que, debido a la pandemia, no tienen trabajo. Encontrar un trabajo disponible para ellas, es inusual, en comparación con las multas que reciben por no haber observado las reglas de distanciamiento social.

Realidades como las de las mujeres en Kenia y las de las comunidades altoandinas en Perú, nos pueden parecer bastante lejanas a nuestra realidad. Actualmente, los webinars son importantes para mantener nuestro trabajo, así como lo son los empleos y la generación de ingresos para todos. Algunos de nosotros, tenemos trabajos que nos permiten mantener nuestro estilo de vida, pero par millones de personas, el trabajo les permite seguir viviendo la vida.

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