El concepto andino de ‘ayllu’ y la interconexión

Por Jean-Gabriel Tarassenko

Interconexión. Esa sería la palabra que me viene a la mente cuando pienso en el trabajo en colaboración con la comunidad alto andina de Cuncani en el programa de Almuerzos y otros proyectos de desarrollo comunitario. Para aprender y comprender cómo opera y funciona una comunidad rural como Cuncani, es necesario invertir paciencia y mucho tiempo para desarrollar relaciones sinceras con la gente.

Para tratar de comprender la estructura jerárquica socio-política, la posición de cada familia, los miembros de la comunidad, el papel de las maestras y maestros de la escuela primaria, las relaciones con el gobierno local, es necesario para tiempo con las personas, conocerlos como seres humanos. El primer paso del aprendizaje es escuchar. Escuchar las historias, escuchar a cada una de las personas y a partir de allí, poder descubrir la interconexión de cada una de ellas con la comunidad.

En las comunidades andinas de habla quechua, se hace referencia al concepto de ‘ayllu‘ que data de los tiempos Precolombinos y los días de los Incas. Sin embargo, el concepto no es, simplemente, una noción socio-histórica de comunidad. Es una experiencia viva y continua de identidad comunitaria: cada miembro del ‘ayllu‘ es una parte integral de la comunidad y sirve a la comunidad en un rol específico.

En esto, la interconexión con la tierra es centralmente importante, ya que en la cultura del ‘ayllu‘ no hay propiedad privada de la tierra porque cada familia tiene parcelas específicas que sirven y trabajan un cierto periodo de tiempo, pero permanecen bajo la administración del ‘ayllu‘.

La noción de reciprocidad (‘ayni‘) está en la base de la vida comunitaria – los miembros de la comunidad trabajan juntos, uno para el otro, en beneficio de la comunidad. Este acto de reciprocidad se ilustra a través de la faena, mediante la cual los miembros de la comunidad de manera voluntaria o convocada por su presidente, trabajan juntos en un proyecto como construir un invernadero, cosechar cultivos, etc. Históricamente, la faena es una forma de mantener la cohesión de la comunidad a través de la unión del pasado con el presente. Desafortunadamente, ahora existe un sentimiento creciente entre la generación mayor, que este sentido de la tradición y la unión se están perdiendo debido a que las generaciones más jóvenes se sienten obligadas a participar en las faenas y trabajar para evitar el pago de una multa.

Todos los miembros de la comunidad ofrecen sus servicios para trabajar la tierra, juntos. El conocimiento compartido se transmite de generación en generación. El sentido de reciprocidad está vivo en el intercambio de conocimientos dentro de la comunidad. En el contexto actual sobre el cambio climático y los desastres naturales, el intercambio de conocimientos dentro del ‘ayllu‘ significa que las familias saben exactamente qué variedad particular de papa puede crecer a 4,000 m.s.n.m. y cuál no. Saben exactamente por dónde pueden pastear las ovejas y las alpacas  durante el duro y árido invierno, y dónde moverlas durante los meses lluviosos de verano.

Sin embargo, la identidad del ‘ayllu‘ no refleja una cultura específica de una comunidad y sus relaciones entre ellas. El ‘ayllu‘ podemos entenderlo, también, como parentesco; esencialmente, el ‘ayllu‘ se extiende fuera de la comunidad e incluye la compleja red de todas las relaciones sociales, culturales y económicas que existen. En este sentido, el ‘ayllu‘ incluye a toda la familia extendida que tiene alguna relación con esa comunidad pero que vive en otro lugar. De manera importante, también incluye a todos los que crearon esas relaciones con las familias de la comunidad y los miembros individuales, ya sean maestros, personas o trabajadores de ONG.

Lo que descubrí es la importancia del sentido del ‘ayllu‘, representado con más fuerza que las familias individuales de la comunidad. El ‘ayllu‘ es la encarnación viviente de una identidad comunitaria única que se refleja en su interconexión con la tierra y el sentimiento de parentesco que evoluciona constantemente y se extiende fuera de los límites físicos de la comunidad. El fallecido y gran antropólogo peruano Carlos Iván Degregori declaró que “no hay país más diverso” al escribir sobre la historia del Perú. No creo que era un comentario impertinente con una intención arrogante. En realidad, Degregori reveló la naturaleza inherente de esa interconexión entre todos los pueblos peruanos como se refleja en el ‘ayllu‘. Hayamos estado en Cuncani o no, estamos unidos por esos lazos de parentesco, estamos interconectados entre nosotros mismos. Lo que hagamos en el lugar en donde nos encontremos, por pequeñas que sean nuestras acciones, tiene impacto en el otro lado.

Este tiempo me recuerda, que todos estamos interconectados y como parte de un gran ‘ayllu‘; que nuestras acciones y omisiones no existen en el vacío. Durante este tiempo, nuestra sensación de interconexión nos da  la tranquilidad de sentir que no estamos solos, pero también debe motivarnos a tomar acción.
Finalmente, si estás buscando una manera de apoyar a nuestras amigas y amigos de Cuncani, échale un vistazo a la maravillosa obra de arte digital de mi colega, Kenji Misawa. ¡No dudes en comprar una de sus creaciones inspiradas en Cuncani! El dinero que recaudemos nos ayudará a seguir trabajando por la comunidad. Envíanos un correo si quieres más información.

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Jean-Gabriel es miembro de nuestro Consejo Consultivo. El trabajó con nosotros por casi 5 años. JG, como nos gusta llamarlo, fue el Coordinador de Nexos Voluntarios (NeVo) entre el 2011-2013, y después el Director de Programas (2014-2015).
Al regresar a su país, Reino Unido, estudió una maestría en Globalización y Desarrollo en América Latina en University College London (UCL) y actualmente trabaja en una de las organizaciones sin fines de lucro más grandes de su país.

The Andean concept of the ‘ayllu’ and interconnectedness

By Jean-Gabriel Tarassenko

Interconnectedness. That would be the word that comes to mind when I think of working in collaboration with the high Andean community of Cuncani on the lunch program and other localised community development projects in the Urubamba province. In order to learn and understand how such a rural community operates and functions, one needs to invest patience and a lot of time in creating those vital relationships with the people.

In attempting to understand the hierarchical socio-political structure, the position of each family, individual community members, the role of the local primary school teachers, the relationship with local government, this cannot be done without simply spending the time with people and learning about them all as human beings. The first stage of learning is listening. Listen to the stories, listen to each person who makes up that community and you will eventually discover the interconnectedness of each person within that community.

In Andean Quechua-speaking communities, there is reference to the concept of the ‘ayllu’ that dates to pre-Colombian times and the days of the Inca. The concept isn’t simply a theoretical socio-historical notion of ‘community’, however. It is a lived, ongoing experience of community identity; each member of the ayllu an integral part of the community and serves the community in a specific role.

In this, the interconnectedness with the land is centrally important, as in the culture of the ayllu, there is no private ownership of the land as each family has specific plots which they serve and work for a certain period of time, but it remains under the general stewardship of the ayllu.

The notion of reciprocity (‘ayni’) is at the foundation of community life – community members work together, for one another, for the benefit of the community. This act of reciprocity is illustrated through the ‘faena’ – whereby the community voluntary, or is called upon by the President, to work together on a community project, such as building a greenhouse, harvesting crops, digging a well etc. Historically, the ‘faena‘ was a way to maintain community cohesion through linking the present with the past, unfortunately now, there is an increasing feeling amongst the older generation that this sense of tradition and cohesiveness is being lost due to the fact that more members of the younger generation feel obligated to participate in ‘faenas‘ and work so they do not have to pay a penalty fine to the community.

All community members serve to work the land together; shared knowledge is passed on between generations and consistently added to. The sense of reciprocity is alive in knowledge exchange within the community. In the current context of climate change and ecological disasters, knowledge exchange within an ‘ayllu‘ means that families know exactly which particular variety of potato can grow at 4,000 m above sea level, and which ones cannot. They know which crops are likely to thrive at an altitude of 3,800 m as opposed to 4,400 m. They know exactly where the sheep and alpacas can graze during the hard, arid winter, and where to move them during the wet, summer months.

The identity of the ayllu, however, does not only reflect a specific culture of a community and its interrelations. Ayllu also means what we understand as ‘kinship’, essentially, the ayllu extends out from the community and includes the complex web of all social, cultural, economic relationships that exist. In this sense, ‘ayllu‘ includes all extended family that have some relationship with that community but living elsewhere Importantly, it also includes all those who have created those key relationships with families from the community and individual members, be they teachers, trades people, and NGO workers.

What I discovered is the importance of the sense of the ‘ayllu‘, represented much more than the individual families of the community. ‘Ayllu‘ is the living embodiment of one single, community identity that is reflected in its interconnectedness with the land, and the sense of kinship that is consistently evolving and extended outside of the physical boundaries of the community. The late, great Peruvian anthropologist, Carlos Ivan Degregori famously stated that, “there is no country more diverse”, when writing about the history of Peru. I don’t believe this was a flippant comment with an arrogant intent. In reality, Degregori revealed the inherent nature of that interconnectedness between all Peruvian peoples as reflected in the sense of ‘ayllu‘. That whether we have been to Cuncani, or not, we are tied together by those bonds of kinship – we are interconnected to one another. What we do in our own part of the world, however small our actions, does have an impact on someone on the other side.

What these current challenging times has reminded me of, is that we are all interconnected and part of a greater ayllu; that our action or inaction does not exist in a vacuum. During this time our sense of interconnectedness naturally brings about reassurance and comfort that we are not alone, but it should also encourage us to move to action.

Finally, if you’re looking for a way to support our organization, please do check out the wonderful digital artwork created by my colleague, Kenji Misawa. Please do feel free to purchase one of his great pieces of art! All money raised from the sale of Kenji’s work will go towards supporting our work in Cuncani. Contact us for more information.

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Jean-Gabriel is a member of our Advisory Board. He spent almost five years working for Nexos Comunitarios, principally in the town and area of Urubamba. JG was the General Coordinator for Nexos Voluntarios (NeVo) between 2011 – 2013, and then the Program Director (2014 – 2015).
After returning to his native UK and studying for an MSc in Globalization & Latin American Development at University College London, he currently works for one of the UK’s largest charities. 

Let Now Be Hopeful

By Nicholas Bruce

These can be hopeful times. 
Consider an eleven-year-old member of his local football club in a part of Cape Town, South Africa. A nationwide lockdown took effect and he could not go to the field to train or school to learn. Neither could his two siblings. They could not go beyond their driveway. In their backyard garden, they resorted to kicking a ball against the fence with their neighbor friends on the other side. Mimicking the action made it seem like a passing drill as part of their regular training. This eleven-year-old was also a manager. Okay, it’s a fantasy football team, but he did his homework. He’d been doing well, listening to the football podcasts to gain insight on players, stats and tips. He was earning extra bonus points each week against his fierce rival – a fantasy team managed by his mother. The friendly rivalry is on hold until Premier League recommences.

So why write that these are hopeful times? 
During all of this, the boy’s club team comprised      of  players of various ages and across the economic  and racial spectrum began to do something.  Instead of warming up during regular training      times, the players were packaging food bags for  the needy members of the community. Instead of  confirming travel for away friendly matches,  coaches were mapping out a delivery route to  reach people’s homes. Instead of coordination  drills and training, players were – correction, are –  traversing steep hills of the townships and pacing  several stairwells of apartment flats. Sport has  proved to be less-than-essential; community is  not. And never is.

In the U.S. capital of Washington DC, a brother-sister small business team realized their products sold at farmer’s markets will take a hit. Markets were closed or limited; lockdown would keep many away. They contacted their local farming community who sold their produce in the markets and also were unable to reach their regular customer base. Before long, they reinvented themselves as a grocery delivery service. The brother-sister team don’t just push their own product. They offer what the farms have harvested and what the people want, linking bountiful supply with overwhelming demand.

It’s a similar story for a young operations manager and his business partner in the western U.S. who were forced to lay off 90 percent of their workforce. Sale orders for their customized cargo bicycles were going to come to a standstill. When an open-source model of a face shield surfaced online, the business partners called hospitals about their needs and sourced the three simple materials from their regular vendors. Within weeks, they had masterminded their bicycle factory into a hygienic workplace for 80 people. They brought on people who had recently lost their jobs or were looking to work. They reached out to other small businesses in their community – a brewery and breakfast café — who had laid off their workers and soon they too were re-calling their staff. The effort now includes four companies, over 100 people, fulfilling orders for well over one million face shields to be shipped to hospitals and doctors’ offices nationwide.

These are all real people, my friends, my family. I’ve deliberately written them as eleven-year-old boy, brother-sister, business partners because these stories are in every community around the world in one form or another. They are sport teams or small business and they all speak to the enormous value of community.

The truth is that the world is largely working toward a single challenge. When has that ever been the case? Conflict has opposing sides. Famine or refugee strife can be regional, go unnoticed or turn political. These current events are global and for that, everyone is impacted, everyone is affected. Everyone has the chance to do something.

  
Here’s one more: In a far-off corner of Peru, on the highest of mountain roads where the pavement ends and the paths are traveled as much by the hooves of llamas as the treads of people’s yanqui sandals, way up there lies Cuncani. This community is also impacted. If it is not a positive covid case, it will be affected by the global lockdown and the ripple effect of a slow-motion economy.

The community members are doing their part. The school director is working with his professor colleagues to send school work to the 50 students to continue their education from home. The students are so committed, they’ve asked the director for more assignments. When travel is permitted once again, NC aims to pioneer a project focused on education through play. The project was featured in an article for sportanddev.org on the International Day of Sport and Development.

Let us not forget that these days, weeks, months can be seen as hopeful times.

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Nicholas Bruce is a member of our Advisory Board. He is a journalist who has been involved in sports and development for almost 20 years, two of which he spent in Yungay, Peru. He currently lives in Berlin.

Who protects the vulnerable and disadvantaged indigenous population during the COVID-19 quarantine?

Author: Rember Yahuarcani                                                                                        Translation: Nicholas Bruce

Remember Yahuarcani, the painter. He’s given a chronicle of the circumstances in which he is living in currently, in quarantine, in his home district of Pebas, Loreto. It is one of several places in Peru where cash-strapped residents cannot collect the government bonus because there is no money, a cruel irony.

A woman and her daughter carrying log of wood. (Photo: Rember Yahuarcani)

A man carries a log of wood on his shoulder. A fisherman swiftly paddles his home. Girls look fearfully at the military from their windows. About thirty women queue at an agent of the Banco de la Nación. A lady goes to the Health Center for dengue and cannot be treated. Uncertainty and anxiety have fallen on the town like a torrential rain that does not know when it will end. With faces overwhelmed, many listen to the loudspeaker for the latest report of infected by Covid – 19 in Iquitos . There is a funeral silence in the small port and market, once bustling. Rice, sugar, oil have risen in price, an egg costs one sun and fish is scarce. The discomfort is visible on the faces.

Some arrived the night before from Iquitos , fleeing in a boat or hiding among the products of the motor ship that has the exclusive permission to only transport cargo. The people fear the worst: an infected person.

Two agents without funds

Pebas is one of the four districts that make up the province of Ramón Castilla, in Loreto and integrates 60 communities into its territory. It is located at the mouth of the Ampiyacú river in the Amazon and has a population of 12,694 people, according to the 2017 census. It has two agents from the Banco de la Nación who always lack funds. Many people have benefited from the 380 soles voucher announced by the Government, and the queues were immediate. They start at six in the morning and last a little beyond nine. The withdrawal of money is basically conditioned on whether there were deposits on the previous day. Otherwise, there will be no withdrawals.

The communities have been demanding for many years the opening of an office of the Banco de la Nación , since that would mean economic savings and would alleviate a long trip of 13 to 18 hours to the provincial capital or to Iquitos. In writing this note, many people tell me that the president’s announcements are useless if there is no place to collect the 380 soles.

Empty Pebas market. (Photo: Rember Yahuarcani)

Structural pathologies

Pebas also has a health center and 12 health posts, the service is not optimal, professional staff and modern equipment are required. For some reason that no one explains, the doctor always ends up prescribing paracetamol or ibuprofen for all illnesses. If COVID-19 arrives, it will be an unprecedented catastrophe. Electric power is provided from six in the afternoon to eleven at night, so the aforementioned education on television, radio and internet will be impossible.

Pebas is also the gateway to the native communities of the Uitoto, Bora, Ocaina and Yagua nations, located along the Ampiyacú and Yaguasyacú rivers. The yaguas have been settled there for hundreds of years and with respect to the uitotos, boras and ocainas, their recent history is linked to the dark rubber era and if we talk about diseases, let’s not forget that these three nations were devastated at the beginning of the last century by measles.

COVID-19 reaches the indigenous world at its worst: extreme poverty, anemia, hepatitis B and C, diabetes, malaria, dengue, oil spills, assassinations of social leaders and historical abandonment by the State, are just some of the pathologies that afflict and take their toll on indigenous people.

Streets of de Pebas empty. (Photo: Rember Yahuarcani)

The native communities have taken their own measures regarding the pandemic, have closed their borders, are monitoring their rivers, which has led to a shortage of essential products such as medicines, food and the trade of local products. State intervention at the moment is crucial for the survival of the communities that have their rivers and polluted lands, where there are no fish to fish, no products to harvest, or animals to hunt, where the S / 380.00 bonus is insufficient to feed a family and where health centers lack essential medicines. There is also an urgent need for strict surveillance of foreign vessels and people towards indigenous territories. A true rapprochement of the State towards the indigenous is urgent.

This chronicle was published in El Comercio on April 15th, 2020.                             Find the original publication here        

 

 

My first and ongoing eNCounter with Nexos Comunitarios

By Dr. Marie-Eve Monette (eNCounter Program,  Nexos Comunitarios)

It is 2010, and it is my first time in Peru, my first time in the Andes. I am in grad school, and I just completed my first year as a student and teaching fellow in the Ph.D. in Hispanic Studies at McGill University. Although I have been learning about Peruvian history and literature for years, for the past six months I have been complementing this knowledge with literature about the education system in Peru, the Intercultural Bilingual Education program being implemented in indigenous communities in the Andes, and about the oral practices Quechua-speakers use to teach their children, all in preparation for my 5-week internship in Urubamba.

When I arrive in Urubamba, there is only one other graduate student there. Every other person on site is enrolled as an undergraduate student at an institution in North America or Europe. Although my main focus is teaching English to craftsmen and women in the Urubamba Valley so that they can better negotiate with tourists, my 5 weeks are also spent observing these undergraduate students as they go about their activities. What is born in that trip is not only a strong desire to keep working in the Andes but also to better prepare students for experiences abroad.

Fast forward 9 years, and I am still working in the Andes and with Nexos Comunitarios. Since my first experience in Urubamba, I graduated from my Ph.D. program. I was also an Assistant Professor of Spanish at the University of Alabama for four years, where I completed a Faculty Fellowship in Service-Learning at the Center for Ethics and Social Responsibility. During my Ph.D. and my four years as an Assistant Professor, Maricarmen Valdivieso – the founder of Nexos Comunitarios – and I shared various conversations about how to better prepare students for service-learning and field-work in the Andes, and how to create equal partnerships between the organization, the communities it serves, and the students who come to support its programs. As a result of these conversations, and several others that Maricarmen has had with former interns and participants, she and other Nexos Comunitarios staff members created the eNCounter Program, a model that fills the gaps we observed in the student experience in the Andes and in North America.

During the eNCounter Program, students:

  • Gain hands-on experience in development and nonprofit management by job shadowing Nexos Comunitarios staff members
  • Complement this experience with academic knowledge about Peruvian histories, cultures, societies, development models, etc., taught by Peruvian and foreign academics
  • Receive language training in Spanish, with an additional option in Quechua
  • All while participating in workshops on intercultural dialogue and engagement.

The objective of the eNCounter Program is to teach students that development work is a combination of knowledge in policy expertise, planning and operations, and project management; academic research and its implementation through field-work; and partnership development and relationship building, all of which cannot succeed without linguistic capacity and cultural sensitivity.

Next year, I will once again be joining the Nexos Comunitarios team, this time to accompany students in their journey of intercultural engagement as they begin their participation in eNCounter. I could not be happier to contribute to this program, and to pass on what Nexos Comunitarios offered me in 2010: the opportunity to build the foundations for what will hopefully be long-lasting relationships and projects with people in the Andes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El poder del deporte ⚽

Por Denis  Margalik ( Western University)

¿Qué significa jugar? ¿Qué impacto aporta la naturaleza del deporte? Pregúntale a cualquiera, y la respuesta más común que recibirás es su capacidad para unir a otros. Con solo observar los Juegos Olímpicos, es evidente que el poder del deporte reside en su capacidad para unificar a las personas, ya que atletas de diversos talentos, culturas, países, valores y creencias se reúnen para ser observados y admirados y admiradas por todo el mundo. Luego está la Copa Mundial de la FIFA, donde solo por un momento, casi parece como si todos los conflictos del mundo quedaran en suspenso. Cada deporte tiene su propio conjunto de competidores, sus propios títulos para ganar y su propio tesoro de fanáticos y fanáticas leales y dedicadas. El deporte en sí mismo tiene la capacidad de influenciarnos a todos y todas, y crea un poder y emoción dentro de nosotros que rara vez es visto por otra cosa.

Al ser un patinador artístico que ha participado en competencias mundiales, he podido experimentar cómo los deportes pueden cambiar e impactar a una persona. Representando a Argentina, un país donde este deporte artístico, que se desliza en el hielo, da vueltas y salta, generalmente es desconocido, tuve la suerte de ubicarme a mí, y a mi país, en el mapa mundial de patinaje. A lo largo de mi carrera, he estado agradecido de tener oportunidades para hacer amigos y amigas en muchas partes del mundo con las que me mantengo en contacto hasta el día de hoy, y he desarrollado muchas habilidades en el hielo, que también puedo aplicar fuera del hielo. A pesar de la presencia de barreras lingüísticas y de diferencias culturales, pude comprobar, de primera mano, que la familiaridad con el deporte fue suficiente para alimentar y mantener amistades de por vida.

Recientemente, Nexos Comunitarios, ha implementado su programa “Kick-Off“, que es un nuevo enfoque educativo centrado en la generación de habilidades cognitivas y no cognitivas mediante el uso del fútbol en las comunidades que sufren pobreza. Nexos cree que a través del fútbol, ​​las habilidades como el liderazgo, el trabajo en equipo, la capacidad de recuperación, la imparcialidad, el esfuerzo, el respeto, la responsabilidad y la compasión, se fortalecen, y permiten la transferencia y la aplicación de conocimientos dentro del aula.

Durante mi tiempo en Cuncani, trabajé con Western University y Nexos, y se me dio la oportunidad de trabajar junto a los niños y niñas de la comunidad, ayudándolos a desarrollar estos importantes rasgos de carácter y tuve la oportunidad de estar más cerca de los miembros de su comunidad. Usando diferentes ejercicios de fútbol y juegos, observamos un rápido progreso. Desde que sus habilidades en el fútbol mejoraron notablemente, hasta la forma en que interactuaron entre sí, aumentaron su forma de poder trabajar mejor en equipo para lograr el objetivo principal de anotar un gol. Las burbujas creadas entre los grupos de amigos y amigas se expandieron para incluir a más de sus compañeros de clase, y el espíritu de deporte se volvió contagioso. Finalmente, estos rasgos se observaron directamente en el aula y, en última instancia, mejoraron su capacidad para aprender en el interior, de la misma manera que lo hicieron en la cancha. Y aunque no hayamos hablado el mismo idioma, pudimos usar el fútbol para transmitir el lenguaje universal del juego y la risa, lo que resultó en una conexión fácil con cada uno de ellos y ellas para que todos podamos pasar un buen rato, aprendiendo.

Llegar a Cuncani generó en mi un choque cultural para recordar. Desde el estilo de vida, hasta su falta de recursos, pero todo lo que quería hacer era ayudar tanto como pudiera. Fue inspirador ver su luz y energía, que ayudó a fortalecer el vínculo entre ellas y ellos, una de las metas de Kick-Off.

A través de experiencias personales, es fácil para mí recordar las muchas maneras positivas en que fui capaz de integrar lo que aprendí a través de los deportes en mi vida diaria; me hizo tratar mejor a los demás y me ayudó a ser una mejor persona en general. Con la ayuda de Nexos y el programa Kick-Off, espero ver el mismo impacto y las oportunidades que los deportes me han brindado, en las vidas de  los niños y niñas y las familias de Cuncani. Al ganar muchas nuevas habilidades transferibles, amistades y sentidos de unidad, sé que el poder de los deportes ofrece mucho más que la oportunidad de competir. Y ver la chispa de alegría en los ojos de los niños y niñas cada vez que veían un balón de fútbol cerca, me permitió darme cuenta que el poder del deporte tenía al menos un regalo más que ofrecer: la felicidad.

Esos pequeños momentos: Cuncani 2019 (Aprendizaje Comprometido con la Comunidad)

Por Colette Benko (Western University)

Quisiera comenzar agradeciendo a la comunidad de Cuncani, por recibirnos con sus con corazones abiertos y tener mucha paciencia con nosotros y nosotras. También me gustaría agradecer a Nexos Comunitarios, su visión es inspiradora y nuestro viaje no habría sido el mismo sin el arduo trabajo de Maricarmen y Kenji.

Antes del viaje, me habían dicho que “no tuviera expectativas”, que “fuese flexible”, que “tuviera mente abierta”, así que antes de ir inté borrar todo lo que pudiera haber sabido sobre lo que estaba por venir. Cuando estaba subiendo al avión, pensé que estaba lista y, en cierto sentido, lo estaba: estaba feliz de hacer lo que fuera necesario para el proyecto, estaba emocionada de escuchar a la comunidad y aprender sobre una cultura completamente nueva. Sin embargo, no estaba muy preparada para el impacto que tendría sobre mí y hasta qué punto llegaría. Habiendo estado en un viaje de servicio anteriormente, tenía la expectativa de aprender mucho; sin embargo, este viaje llegó más allá de cualquier pensamiento inicial de aprendizaje, cambió la forma en que veía las relaciones, el aislamiento, la comunidad, el orgullo, el trabajo en equipo y la expresión de amor, entre otras ideas.

Tuvimos un par de días en Urubamba para aclimatarnos a la altura y aprender más sobre el proyecto, pero pronto nos encontramos en el camino sinuoso que conduce a Cuncani. Fue una gran diferencia en el estilo de vida al que la mayoría de nosotros  y nosotras estábamos acostumbrados, sin embargo, la conexión, casi sin procesar, nos permitió tener una experiencia como ninguna otra. Los increíbles paisajes  y los frescos paseos por la mañana a lo largo de la carretera en la comunidad valieron la pena. Todos los días trabajamos junto con los y las estudiantes utilizando el fútbol como nuestro método para desarrollar habilidades cognitivas y no cognitivas. A cada uno de los tres grupos se nos asignó 1 a 2 estudiantes para observar específicamente los cambios de esfuerzo, compromiso, trabajo en equipo, respeto, etc. Los entrenamientos podían enseñarse fácilmente a través de juegos, y la simple risa compartida nos ayudó a crear vínculos bastante fuertes. Fuera de jugar fútbol, ​​usualmente jugamos con las y los  estudiantes que eran demasiado pequeños para practicar ese deporte. Jugamos a los columpios o a hacer un poco de gimnasia, o crear historias con títeres (historias con solo dos personajes) tuvieron mucho éxito.

Fuimos muy afortunados y afortunadas de poder entrevistar a algunos de los maestros  para conocer su perspectiva. La humildad y la naturaleza imparcial que ejemplifican, fue inspiradora. Además, la pasión que muestran hacia la mejora de la educación para que sus estudiantes tengan mejores oportunidades, es asombrosa. La conversación con ellos, también me abrió los ojos sobre luchas que enfrenta la comunidad y también donde, en muchas ocasiones, la suya florece y mi propia comunidad tiene deficiencias. Uno incluso se tomó el tiempo de su noche para darnos una lección básica en quechua, su idioma nativo, y también nos dio la bienvenida a su casa para permitirnos aprender más sobre sus tradiciones y entrevistarlo para nuestro informe.

Cuando regresamos a Urubamba, pudimos reflexionar sobre el tiempo que pasamos en la comunidad y también analizar los datos que habíamos recopilado. Fuimos muy afortunados de poder visitar Machu Picchu y conocer la vasta historia que rodea al sitio. Sin embargo, lo más destacado del viaje fueron los pequeños momentos pasados ​​en Cuncani: compartir en un círculo con los niños y niñas de la escuela primaria y caer espontáneamente, correr detrás de pelotas de fútbol y contemplar el paisaje de montaña aislado.

Una de las partes más desafiantes fue dejar la comunidad. Es difícil dejar un lugar donde hay tanto potencial pero con muchas carencias de oportunidades y de derechos básicos a los que  también estamos acostumbrados. La felicidad de los y las estudiantes es contagiosa, y nos enseña mucho más. Como dijo uno de los profesores: “los estudiantes son personas que generan luz” y hay una expresión quechua que tiene la siguiente idea para referirse a ellas y ellos: “son como las primeras estrellas que salen al atardecer y dan  forma a las constelaciones”.