We need sport. Sport needs us.

By Nicholas Bruce
It’s been said that sport is the most important thing of the least important things. This has been evident throughout the pandemic. In early March, when a massive lockdown of the world’s population was ominous, sport rightfully took a back seat. It still does, but few can argue that the world needs sport for all the reasons we already know. None more so than a mental break from the world dread-lines. I mean, headlines. Ever so slowly, sport is surfacing again. Last week saw the re-start of European football leagues, and next month, North American sport leagues like basketball, soccer and hockey are slated to jump start with fan-friendly tournaments.
Mentally, it can feel like we can’t hold out much longer. Us, human beings need to keep being humans. We want to be something bigger. That’s why we join as players on a squad. Why we are fans of a team. Why we cheer and root, holler and whistle. We need sport. And the feeling is reciprocal. Sport needs us fans.
Due to health restrictions, professional athletes are playing in front of empty stands, wrapped in team banners or altered by a computer-generated image of spectators. Matches played behind closed doors have the feel of a movie scene acted out in front of a green screen. The players’ grunts and yells echo across the field instead of being drowned out by tens of thousands of cheers. So yes, we need sport. But sport needs us. “Bring it back, it can’t come any sooner,” one soccer player said of the crowds. It will still be a good while before that is safe, however.

During covid, sport has been struck with a heavy dose of humility. The athletes are not listed as everyday essential workers of society. Those who are – delivery persons, medical workers, cleaners, among countless others – are used to humbly working hard with no spectators, behind closed doors, often away from any folks who appreciate them.

Now, sport is picking itself up off the field of play, re-assessing their place in society. The players themselves are recognizing their role with truthful words to a prime minister to reverse his decision on eliminating food vouchers for the most vulnerable people. That was Manchester United player Marcus Rashford to British Prime Minister Boris Johnson. You also won’t see Rashford sewn across the back of his jersey. It will read Black Lives Matter. For him, his teammates, every player in Premier League. For the rest of the season.

These are small steps and big decisions. It just feels good to have sport in our lives again. Our mental health is better with sport and we welcome it back in our lives. Sport, and the pro athletes, will one day, hopefully sooner than later, welcome us back as well.

In the same way, Cuncani needs soccer and we are adjusting our Kick-off project to go back, soon.

Esos pequeños momentos: Cuncani 2019 (Aprendizaje Comprometido con la Comunidad)

Por Colette Benko (Western University)

Quisiera comenzar agradeciendo a la comunidad de Cuncani, por recibirnos con sus con corazones abiertos y tener mucha paciencia con nosotros y nosotras. También me gustaría agradecer a Nexos Comunitarios, su visión es inspiradora y nuestro viaje no habría sido el mismo sin el arduo trabajo de Maricarmen y Kenji.

Antes del viaje, me habían dicho que “no tuviera expectativas”, que “fuese flexible”, que “tuviera mente abierta”, así que antes de ir inté borrar todo lo que pudiera haber sabido sobre lo que estaba por venir. Cuando estaba subiendo al avión, pensé que estaba lista y, en cierto sentido, lo estaba: estaba feliz de hacer lo que fuera necesario para el proyecto, estaba emocionada de escuchar a la comunidad y aprender sobre una cultura completamente nueva. Sin embargo, no estaba muy preparada para el impacto que tendría sobre mí y hasta qué punto llegaría. Habiendo estado en un viaje de servicio anteriormente, tenía la expectativa de aprender mucho; sin embargo, este viaje llegó más allá de cualquier pensamiento inicial de aprendizaje, cambió la forma en que veía las relaciones, el aislamiento, la comunidad, el orgullo, el trabajo en equipo y la expresión de amor, entre otras ideas.

Tuvimos un par de días en Urubamba para aclimatarnos a la altura y aprender más sobre el proyecto, pero pronto nos encontramos en el camino sinuoso que conduce a Cuncani. Fue una gran diferencia en el estilo de vida al que la mayoría de nosotros  y nosotras estábamos acostumbrados, sin embargo, la conexión, casi sin procesar, nos permitió tener una experiencia como ninguna otra. Los increíbles paisajes  y los frescos paseos por la mañana a lo largo de la carretera en la comunidad valieron la pena. Todos los días trabajamos junto con los y las estudiantes utilizando el fútbol como nuestro método para desarrollar habilidades cognitivas y no cognitivas. A cada uno de los tres grupos se nos asignó 1 a 2 estudiantes para observar específicamente los cambios de esfuerzo, compromiso, trabajo en equipo, respeto, etc. Los entrenamientos podían enseñarse fácilmente a través de juegos, y la simple risa compartida nos ayudó a crear vínculos bastante fuertes. Fuera de jugar fútbol, ​​usualmente jugamos con las y los  estudiantes que eran demasiado pequeños para practicar ese deporte. Jugamos a los columpios o a hacer un poco de gimnasia, o crear historias con títeres (historias con solo dos personajes) tuvieron mucho éxito.

Fuimos muy afortunados y afortunadas de poder entrevistar a algunos de los maestros  para conocer su perspectiva. La humildad y la naturaleza imparcial que ejemplifican, fue inspiradora. Además, la pasión que muestran hacia la mejora de la educación para que sus estudiantes tengan mejores oportunidades, es asombrosa. La conversación con ellos, también me abrió los ojos sobre luchas que enfrenta la comunidad y también donde, en muchas ocasiones, la suya florece y mi propia comunidad tiene deficiencias. Uno incluso se tomó el tiempo de su noche para darnos una lección básica en quechua, su idioma nativo, y también nos dio la bienvenida a su casa para permitirnos aprender más sobre sus tradiciones y entrevistarlo para nuestro informe.

Cuando regresamos a Urubamba, pudimos reflexionar sobre el tiempo que pasamos en la comunidad y también analizar los datos que habíamos recopilado. Fuimos muy afortunados de poder visitar Machu Picchu y conocer la vasta historia que rodea al sitio. Sin embargo, lo más destacado del viaje fueron los pequeños momentos pasados ​​en Cuncani: compartir en un círculo con los niños y niñas de la escuela primaria y caer espontáneamente, correr detrás de pelotas de fútbol y contemplar el paisaje de montaña aislado.

Una de las partes más desafiantes fue dejar la comunidad. Es difícil dejar un lugar donde hay tanto potencial pero con muchas carencias de oportunidades y de derechos básicos a los que  también estamos acostumbrados. La felicidad de los y las estudiantes es contagiosa, y nos enseña mucho más. Como dijo uno de los profesores: “los estudiantes son personas que generan luz” y hay una expresión quechua que tiene la siguiente idea para referirse a ellas y ellos: “son como las primeras estrellas que salen al atardecer y dan  forma a las constelaciones”.